¿Y tu papá?: lo mataron

Foto: Archivo web

Y sin querer, me volví a estrellar con la realidad.

– ¿Tu mamá? – le preguntó mi esposa a un niño de unos siete años que junto a sus hermanitos esperaban ansiosos unas galletas y unas maltas que les dábamos.

– Está en la casa, enferma – respondió sin vacilar.

– ¿Y tu papá? – repreguntó a los chiquitines quienes cargaban bolsas con trozos de “comida” recolectada de la basura.

– Se murió – respondió tímidamente el mayor de ellos.

– …¡lo mataron! – sentenció el más pequeño. Un bebé de unos cuatro años quien, como en una aventura, acompañaba a sus hermanos en la odisea de sobrevivir a la miseria en las calles de Caracas.

Este diálogo es la realidad que hoy me golpeó sin piedad al llegar a mi casa después de un largo día de trabajo en la radio. Una realidad que se cruza con las protestas, con los muertos, con la tragedia de la crisis hospitalaria, con los saqueos, barricadas, plantones y trancazos. Una realidad que todos parecen ver, menos quienes dirigen el país -gordos y cachetones-

El día del periodista estuvo cargado de acontecimientos por contar y descifrar. Nueve heridos de bala, un guardia asesinado y decenas de comercios saqueados en Maracay. Además de otros tres guardias heridos de bala en Caracas.

La realidad de este junio se parece a estos tres niños que hoy buscaban algo para comer en la basura. Venezuela está así. La miseria y el hambre marcan el día a día de millones de personas, mientras otros apuran los tiempos para tratar de perpetuarse en el poder que, en algún momento, alguien les dio. ¿Para qué?, ¿Qué sentido tiene mandar si no eres capaz de garantizar el mínimo a tres niños que deambulan por las calles?

Estos chiquitines que hoy me recordaron la desigualdad y la miseria, también me hicieron recordar que la crisis es mucho más que marchas y luchas por el poder; aunque lo segundo pueda servir para darles de comer y cambiarles la realidad que padecen.

Las aventuras de estas criaturas no deberían estar marcadas por el peligro de la calle y el rugido de las tripas. Sus odiseas deberían estar en un salón de clases y en una casa con mamá y papá. Ese niño de cuatro años no tendría que lamentar el asesinato de su padre. En un país decente, eso es un crimen. ¿Quién responde por el futuro de estos chamos?, ¿Dónde coño está la riqueza acumulada por el petróleo? ¿Dónde están las misiones?, ¿Dónde estaba el Estado el día que millones de personas se lanzaron a los pipotes de la basura para no morirse de hambre?, ¿Dónde?

La realidad me volvió a estallar en la cara, -como un mortero o una bomba lacrimógena- Pero, quizás, el impacto esta vez es más devastador por lo inhumano de la realidad que viven nuestros niños en la calle.

– ¡Leche, leche, rico, leche! – exclamó con cara de felicidad y dando brincos la niña de unos 6 años cuando vio que mi esposa le entregaba una bolsa que además tenía, pan, galletas y cambures.

¿Desde cuándo estos pequeños no se toman un vaso de leche?, ¿Desde cuándo no reciben una porción de cariño?

– ¿Dónde viven ustedes?  

– En San Agustín – dijo sin vacilar la niña.  

– Bueno, váyanse que se está haciendo de noche y cuidado se les caen las maltas-

El más pequeñito la abrazó con fuerza y ahí se quedaron echando las maltas en potes de agua mineral y metiendo en bolsitas los alimentos que, al menos por un rato, los harán olvidar las pesadillas del hambre.

…Los hijos de la oscuridad de bajo de la ciudad donde la vida no cuenta, sino 5 minutos de más, luchando un trozo de pan entre la peste y la bestia… los hijos de la oscuridad…

Cuán vigente está la canción que alguna vez Franco de Vita le dedicó a los gobiernos que no eran capaces de garantizar pan, techo, salud y felicidad a los niños que sufrían el abandono en las calles de Venezuela. ¿Nos alcanzó la historia por este lado también?

Pd: Hasta el infierno más ardiente se queda corto para los que condenan a la infancia a vivir en la miseria.

Héctor Ignacio Escandell

Junio, 2017

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