Silencio: ¿Veraz y oportuno?

Foto: Archivo web

Era 19 de abril, prendí la televisión, pasé de un canal a otro buscando algo. Buscando, quizás una imagen del país. Un algo que me dijera: “oye, así está Caracas, Maracaibo, Puerto Ordaz… o Valencia”. Pero nada, solo encontré la calle 8 de Miami, la quinta avenida de Nueva York y un muñeco inflable que trataba de mostrar la firmeza de un Chávez en sus mejores años.

Las pantallas vacías siguen siendo la constante en la programación de las televisoras nacionales por estos días. Una conducta verdaderamente inútil e injustificable ante el país.

Prendí la computadora. Entre redes me quedé pegado: Twitter, youtube y páginas que actualizaba cada cinco minutos como quien prende y apaga un televisor con la ilusión de conseguir algo diferente en cada intento.

La información era confusa y contradictoria, aunque, por un momento, pensé que mi pantalla había explotado de tanto humo que veía. En las transmisiones de televisión por internet, vi a periodistas arriesgando el pellejo. Los vi corriendo, cayéndose, brincando alambres, esquivando bombas, perdigones y cuanto obstáculo represivo había en el camino. Siempre con el micrófono y la cámara en alto. Firmes.

¿Cómo es que hay periodistas en la candela y en las pantallas películas?

¿Por qué esperan hasta la hora del noticiero para medio contar algo?

¿Hasta dónde llega el fulano compromiso con el país?

Los últimos 15 años, los medios han sido protagonistas de las coyunturas políticas y sociales. En 2002 fueron actores principales del golpe de Estado. Ahora también ocupan el papel estelar con un silencio veraz y oportuno. No son los periodistas, son los “dueños de los medios”.

La radio, siempre la radio.

Para fortuna de muchos, las ondas eléctricas siguen mandando señales de inmediatez. La rapidez de las redes sociales no cuentan con las certezas y la confianza de las mayorías; aunque en momentos cumbres twitter se convierta en el chorro del que es necesario beber.

La radio ocupó, y seguirá ocupando, al menos, en coyunturas como la que vive Venezuela, un papel fundamental en el derecho a la información que tienen los ciudadanos. La imagen radiofónica seguirá describiendo la espalda llena de perdigones de aquel joven desnudo, o aquella monja bendiciendo a un guardia en medio del desastre.

La información veraz y oportuna sigue susurrando al oído.

Los dueños de televisoras sabrán que al igual que los violadores de Derechos Humanos, ellos también están cometiendo un pecado de omisión difícil de borrar en la memoria colectiva.

La épica social contra una revolución no democrática es ocultada en las pantallas. Pero no importa, las redes y la radio seguirán haciendo con sus limitaciones y fortalezas que la gente no deje de ver.

El silencio, veraz y oportuno no es de los periodistas sino de los dueños de las empresas de comunicación. La historia les recordará así: oscuros. Como una pantalla apagada.

Los comunicadores son trabajadores, no se justifica bajo ninguna circunstancia, que alguien los insulte, los golpee y ponga en riesgo sus vidas. Más deplorable aun, es que las fuerzas públicas arremetan y roben a los trabajadores de la comunicación.

Pd: los medios públicos siguen mostrando el país de la ilusión gubernamental. Un país que usted no verá en la cotidianidad.

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