Masacre en dolor mayor

Foto: Archivo web
Foto: Archivo web

Mientras espero el ablandar de unas caraotas negras enviadas desde el norte escribo la crónica de esta semana.

Como cada ocho días hago memoria e intento darle sentido y letra a las cosas que me pasaron y que merecen ser recordadas.

La palabra más usada en mis horas de radio fue masacre. Una tragedia si tomamos en cuenta que ya estamos en diciembre y la alegría debería ser la constante.

Masacre en Cariaco, de eso escribimos y reflexionamos hace algunos días. Ahora Barlovento -con el mismo dolor e incertidumbre- pudiéramos hacer la cronología del terror pero sería llover sobre mojado.

El resumen es así: Dos fosas comunes como en los años 80, 17 personas desaparecidas y contando, 12 militares involucrados que descargaron su frustración contra campesinos del sector El Café (10 presos y dos fugaos).

País masacrado

La OLP volvió a hacer de las suyas, -aunque el ministro de la Defensa se declare consternado- la Fuerza Armada se hizo carne en una política de Estado que día tras día enluta a las familias.

Pero, la masacre de este país no es solo militar. Esta semana vimos y sentimos como agonizó nuestra moneda; un Bolívar que de fuerte ya no tiene nada.

También vimos la primera evidencia de una masacre llamada “Arco Minero”. El lingote 001 -mostrado en cadena- se traduce en menos agua, menos biodiversidad y menos posibilidad de cambiar un sistema que cada día es más decadente.

“Extractivismo o nada”, debió gritar el presidente Maduro en señal de honestidad con su política ecocida.

¿Presente y futuro masacrado?

La brutal caída de la moneda generó el caos de precios, -una kilo de queso blanco ya cuesta 6900, un caucho pasó de 80 mil a 170 mil- ¿Se acuerdan del último aumento de sueldos? A mi me parece que fue hace añales.

Diciembre arrancó haciéndose sentir, -con mucha fuerza para mi gusto- La Mesa de Diálogo se terminó de esperolar, con ella se esfumó una bonita posibilidad de recuperar la sensatez.

Hoy se vuelve a repetir la advertencia de hace algunos meses. ¡Nos hablamos o nos matamos!

El futuro de la Nación pende de un hilo, cual malabarista en las alturas. ¿Quién puede aguantar un 17 peor que el 16? Si en el primero bajé más de 20 kilos, no me quiero imaginar el segundo.

A pesar de los pesares…

“No es tiempo de miedos, es tiempo de compromiso y esperanza”.

La frase no es mía,-ni más faltaba- es de Arturo Peraza, el provincial de la Compañía de Jesús; la dijo en su homilía el sábado mientras dábamos gracias por 100 años de trabajo de los Jesuítas en Venezuela.

Aunque el presente luce masacrado, hay esperanza, ganas y fuerzas para reconstruir el desastre.

¡Coño, las caraotas!…

Pd: “Vamos Chape, vamos, vamos Chape”… de la tragedia nace la solidaridad y la esperanza.

Héctor Ignacio Escandell Marcano

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