Señor, ¿Me da un poquito?

CRÓNICA
Foto: Archivo web

Aunque en ocho días pasan muchas cosas, esta semana resalto dos hechos que me hicieron estremecer. Son una muestra de los Polos Sociales. Repito, Polos Sociales.

– Buenos días, ¿En qué puedo servirle?, fueron las frases que me sacudieron la predisposición en el consultorio médico al que fui en busca de un remedio que me bajara la fiebre.

Acto seguido, -como si me estuvieran echando los perros- La joven que me atendía me dio todas las orientaciones que todo paciente necesita cuando va a una consulta por primera vez.

Una horas más tarde, un médico internista me revisaba de pies a cabeza y me preguntaba sin cesar. –Quería saber de todo- Por momentos yo preguntaba y ella sin vacilar respondía a cuanta duda planteaba.

Debo confesar que nunca voy al médico, y a pesar de contarlo, la doctora no me salió con una cantaleta trillada. Aunque todavía no hay diagnóstico preciso, la actitud de estos profesionales me quitó algo más que una fiebre.

Lo bueno parece estar cerquita, parece que en medio de tanta noticia desesperanzadora existe gente que se ocupa y le pone un extra para que su trabajo salga bien.

Son tantos los prejuicios, que resulta extraordinario encontrarse con gente atenta, amable y competente.

¿Cuándo lo que debería ser cotidiano se convirtió en extraordinario?

¡Por Dios, que difícil es contar algo bueno!

Como si estuviera hablando de dos países distintos, un día antes otra realidad me explotó en la cara.

Los niños de la oscuridad, canta Franco de Vita en alguna canción.

-Señor, ¿Me da un poquito?, Esta fue la pregunta más difícil de responder de la semana; mucho más difícil que responderle con sinceridad a la doctora que me preguntó cuándo iba a dejar de fumar.

Me da un poquito, es una de esas frases que literalmente parten el alma. Con toda seguridad me atrevería a decir que no pasaba de los 10 años, aunque su aspecto y actitud quisieran demostrar lo contrario.

El niño no me quitaba la mirada de encima y me de paso me dijo: “Tranquilo, no lo voy a robar”. Justo en ese momento reaccioné, le di la bolsa de galletas y me senté en un murito.

Sin que le preguntara me dijo: “Un pedacito para mí y otro para mi papá”.

¿Y tu papá dónde está? Fue lo que se me ocurrió preguntar. Él, mientras masticaba me respondió: En el hospital.

A estas alturas ya no quería ni preguntar más, pero agarré guáramo y seguí. ¿Qué le pasó?

Me dijo que su papá no puede caminar y no lo dejan salir del hospital Vargas. “Se cayó de un techo”, me contó.

Este chamín no sabe de su mamá y “desde hace uff” que anda en la calle buscando comida para su viejo porque en el hospital no dan nada.

Mientras él hablaba, yo pensaba en las tantas promesas que se quedaron en el vacío. Promesas que auguraban seguridad social y bienestar. Mientras el chamín hablaba, yo decía pa mis adentros… ¡El coño de su madre!… La Pxxx que los Pxxx.

Cuando terminó, me lo llevé pal’ kiosco y la señora me fió tres galletas más y un jugo. Su sonrisa pago la cuenta y yo tuve que decirle, ¡Arranca!, como una orden de general. La verdad es que no aguantaba las lágrimas.

¿Qué pasó con la promesa de no más pobreza?, ¿Qué pasó con la promesa de no más niños en la calle? Esta realidad me explotó en la cara; ese chamo me recordó lo crudito que estamos.

Esta semana sin duda que fue de contrastes, estas dos historias resumen mi sentir. Pudieran ser las sensaciones de un país que está en crisis y una población que cada vez está más desamparada.

Tanto Yonker, como los trabajadores del Centro de Salud Santa Inés; (nombre del niño y el lugar donde recibí atención médica) son evidencia de los Polos Sociales. Unos que andan desamparados y otros que intentan hacer algo para cambiar la realidad.

¿Será posible? Por favor.

Mientras tanto, en ciudad Gótica Zapatero sigue del timbo al tambo, Maduro haciendo Clap Clap y Ramos allup hablando pa lante y pa tras.

Mientras tanto, en ciudad Gótica a un policía le quitan su arma mientras habla por teléfono en una esquina y le dan un tiro en el cuello.

Mientras tanto, en ciudad Gótica El ministro de Educación deshoja la margarita y cuenta los churupos pa ver que le puede abonar a los maestros de escuelas católicas.

Mientras tanto, en ciudad Gótica la gente sigue con su dilema, ¿Compro comida, o pago pasaje?

Cerramos una nueva semana mirando pal’ frente, esperando que se me quite la fiebre y esperando que la próxima nos trate con cariño.

Pd: ¿Película de Miranda por radio?, ¿De pana?, Señores no es el qué, es el cómo.

HIEM

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